De las esferas de piedra del Diquís a los bosques nubosos de Monteverde, cada lugar que visitás en Costa Rica carga una historia. Esta es la versión corta: diez capítulos de historia costarricense conectados con sitios que todavía podés caminar.
Tocá cualquier capítulo para saltar directo, o seguí bajando para recorrer los siglos en orden.

Mucho antes de los mapas y las fronteras, las tierras que llegarían a ser Costa Rica fueron hogar de pueblos chorotegas, huetar, bribris, cabécares, borucas, malekus y térrabas. Cultivaron maíz, cacao y frijoles, tallaron las misteriosas esferas de piedra del Delta del Diquís y comerciaron jade y oro del Pacífico al Caribe.

En su cuarto viaje, en 1502, Cristóbal Colón ancló cerca del actual Puerto Limón. La historia cuenta que los adornos de oro de los habitantes inspiraron el nombre Costa Rica. La realidad fue distinta: poco oro, selva densa y una frontera remota del Imperio español que tardó décadas en poblarse.

Durante tres siglos, Costa Rica fue la provincia más pequeña, pobre y aislada de la Capitanía General de Guatemala. Fincas mestizas, carretas de bueyes e iglesias de adobe marcaron la vida diaria. Ese aislamiento, lejos de minas y grandes capitales coloniales, formó una sociedad de pequeños propietarios que luego distinguiría al país.

Cuando Centroamérica declaró su independencia de España, la noticia llegó a Costa Rica casi un mes después, a caballo. No hubo batalla ni revolución. Los cabildos de Cartago, San José, Heredia y Alajuela debatieron y eligieron un nuevo camino. La República nació en diálogo, no en guerra.

El café transformó Costa Rica. Desde los suelos volcánicos del Valle Central, el grano de oro viajó a Europa y financió ferrocarriles, escuelas públicas, el Teatro Nacional y una nueva clase media urbana. Hoy, cada taza todavía cuenta esa historia.

Para mover café hacia el Caribe, Costa Rica construyó un ferrocarril entre montaña y selva. La obra trajo trabajadores jamaiquinos, italianos y chinos, base de nuevas culturas inmigrantes y afrocaribeñas. Los bananos sembrados junto a la línea crearon un segundo imperio exportador.

La breve guerra civil de 1948 terminó con una decisión única en América: José Figueres Ferrer abolió el ejército nacional. Los recursos se dirigieron a educación pública, salud y electrificación. El sufragio universal, incluido el voto femenino, quedó consagrado ese mismo año.
La segunda mitad del siglo XX trajo salud universal, la Universidad de Costa Rica, carreteras nuevas y una apertura al mundo. En los noventa, el país se convirtió en centro regional de educación, tecnología e investigación de biodiversidad, mientras el turismo crecía hasta volverse una industria central.

La cultura costarricense es un mosaico vivo: carretas pintadas de Sarchí, marimba guanacasteca, calipso de Limón, máscaras borucas, romerías de Cartago y el saludo universal pura vida. El folclor no vive solo en museos: vive en plazas, cocinas y tardes de domingo.

Hoy Costa Rica protege más del 26% de su territorio en parques y reservas, genera casi toda su electricidad con fuentes renovables y recibe a millones de viajeros cada año. La historia que se lee en cada sendero, pueblo y página de CRMaps nace en estos capítulos.
Cada región de CRMaps fue pintada desde los lugares que estos capítulos describen: Cartago, Limón, Sarchí, Monteverde, Manuel Antonio. Abrí el mapa interactivo y elegí el capítulo que querés vivir.